miércoles, 15 de octubre de 2014

DESPERTAR


Cuando abrí los ojos y levante la mirada choque con la imagen en el cielo del cuarto, dos cuerpos entrelazados, vestidos de la desnudez agobiante de una noche de amor, parecía el más perfecto cuadro de Lira, con sus colores matizados y un juego de luces que realzaban sus formas perfectas.
Sus largos brazos me rodeaban de tal forma que parecían ser parte de mi cuerpo, y yo solo una extensión del suyo
Vi su cuerpo delineado por el correr implacable de los años y me pareció de pronto que el tiempo no existió entre nosotros. Se detuvo más allá de los años y la razón, seguimos siendo los mismos.
Los mismos que alguna vez nos encontrábamos para compartir nuestros cuerpos y deseos sin restricción ni culpa, aquellos que alguna vez nos miramos a los ojos encontrándonos, aquellos que una vez se negaron a hablar de vida, de futuro, de amor, escondidos en las necesidades carnales por miedo a dar paso a sentimientos que no podíamos vivir.
Seguíamos allí, impregnados en el espejo, adormecidos y sin culpa, respirando profundo, solo el momento, la vida sin pasado ni futuro. Sólo ese preciso momento en que estábamos amaneciendo entrelazados como si fuéramos uno, en la más absoluta deformidad. Un ser extraño con cuatro brazos y cuatro piernas, dos bocas unidas en un solo beso.
Me detuve en su rostro, sus ojos cerrados entregados al sueño, aún inocente, como un niño, su paz me envolvió, me atravesó e inundó mi corazón. Dibujé con la mirada sus facciones y me detuve en cada pliegue que marca su rostro…me pregunté si cada experiencia de vida, cada esfuerzo, cada dolor y alegría en las marcas de su rostro podría yo acariciarlas y hacerlas mías.
Sus labios relajados parecían invitarme a beber. Deseé que ese preciso minuto en mi vida se inmortalizara, deseé plasmarlo y cerré los ojos apartando mi rostro del espejo de aquel cielo para esconderme en su pecho, quise fundirme y entrar en el para ser parte de su cuerpo, estar en él desde dentro y quedarme allí escondida.
Su respiración parecía quemar en mi cuerpo mientras sus manos dejaban de ser parte del cuadro, tomando vida propia, sentí el calor de las palmas de sus manos en mi cuerpo. De pronto el niño inocente se fue transformando en un hombre ardiente y deseoso de beber mi amor. Sus manos convertidas en palomas mensajeras dijeron a cada palmo de mi cuerpo cuanto querían de mí, y simplemente de observadora me convertí en la fuente de agua cristalina que aplaca su sed en toda dimensión imaginable. Fue un maravilloso despertar