sábado, 23 de junio de 2012

EL LEGADO

Dejo, a quien quiera tomar la humedad de mis pies sobre el pasto fresco, La ilusión desnuda de mi inocencia pisoteada, la candidez que causó en mi, tu primera mirada. Dejo la fuerza de mi vientre y el dolor que sentí al parir mis hijos, como prueba irrefutable de que existió alguna vez en mi corazón el amor más puro e incondicional. Dejo mis largas caminatas invernales respirando la humedad, de las tardes sombrías, el camino andado y desandado, saciado de ansiedades vacías. Las gotas de lluvia que se confundieron con mis lágrimas cuando al partir mis seres amados tuve que seguir el camino en silencio sin hacer preguntas. Dejo el calor de mi cuerpo de las noches que el amor rondó mi puerta. Dejo la soledad y el silencio de mis cuatro paredes cuando me inundó tu adiós