martes, 27 de julio de 2010

FUEGO


Como mujer coqueta, avanzas
Graciosa, sutil, silenciosa
Como queriendo abrazarlo todo
Como mujer enamorada, aferrada.

Tu vientre ardiente quema, arrasa
Todo lo que está a tu paso.
Y tu incontenible furia me atrapa
Enamorada de ti, atraída por ti

Duele cada centímetro que tocas,
Duele la tierra.
Tu infertilidad me atrapa, me destruye
Duele la llama.

Tiras y aflojas a través del cerro,
Y corren todos despavoridos. Tú
Asustas con tu sola presencia,
Quemas.

Y sigues avanzando sin piedad,
Tu alocada carrera a través de los bosques,
Inevitablemente me alcanza,
Me seduce

Y sigo esperando tu paso,
Tu destrucción,
Tu purificación,
Tu dolor

Para ver nacer de entre las cenizas de tus amados
Los brotes tiernos que sobreviven a tu paso
Fiel prueba del amor
Que existe detrás de tu dura caminata

Llegas,
Avanzas,
Arrasas,
Y simplemente te alejas.

martes, 20 de julio de 2010

AMISTAD


Como aquella hilera de agua,
que tímida fluye desde la montaña.
Que rodea los cerros,
que esquiva las rocas,
que une hileras coquetas
que juegan alocadas
al bajar.

Formando torrentes
que claman al cielo
con voz continua, con voz de queja,
con voz…
Que forman charcas,
que forman ríos
profundos, pedregosos, navegables…

Que entrelazan sus manos formando cadenas.
Que de simples hileras aisladas,
forman ríos,
que llegan al mar,
que forman océanos…..

Así es la amistad.
Frágil como la hilera de agua
que tímida baja del cerro y,
que crece transformándose en el río.

A veces pedregoso,
a veces navegable,
pero siempre profundo
infinito….como el océano,
eterno, como el juego de las aguas
entre el cerro y el océano.

sábado, 17 de julio de 2010

A LA SOMBRA DEL MANZANO



El hombre se acercaba con mucha calma al viejo manzano que lo observaba desde el fondo de su patio, desde hace ya tantos años. Sus pasos eran lentos y sigilosos como cuidando no ser escuchado por alguien a su alrededor, sin embargo, recordaba con cierta tranquilidad que en casa estaba solo. Había arreglado el día anterior que su esposa y sus hijos viajaran fuera de la ciudad, hacía tanto tiempo que ella reclamaba un viaje a Puerto Montt para visitar a su primo que, encontró la excusa perfecta para sacarla a ella y los niños de la ciudad sin dar mayores explicaciones. Así de un momento a otro le comunicó su decisión, la que causó cierta inquietud en la mujer pero, como no acostumbraba a poner en tela de juicio las decisiones de su marido, simplemente tomò los niños y subió al bus, mientras él observaba desde el andén como se alejaban con una expresión distinta, con los ojos húmedos, con una nostalgia desgarradora, como si estuviera viendo a su familia por última vez.
En sus brazos, con el mismo cuidado con que se carga una guagua recién nacida, llevaba una caja que ciertamente era muy delicada. Una simple caja de cartón, cubierta por un paño rojo, que sin duda a primera vista solo era un paño, pero al detener la mirada en él y estudiar esta peculiar tela, se podía ver que en realidad era un bandera, que doblada, pasaba casi desapercibida.
Intentaba calmar su ansiedad, pero era evidente que sus nervios lo traicionaban. Insistía en mirar hacia todos lados, se sentía observado, vigilado.
Sin dar mas pausa se acercó al manzano y apoyò su cargamento a un lado del tronco del viejo amigo, que mudo y atónito observaba la congoja del hombre que lo acompañaba fiel cada tarde.
Tomó una pala que se encontraba apoyada en árbol, quizás desde cuanto tiempo, y comenzó a cavar lo mas fuerte y rápido que pudo.
Cada palada que daba, traía a su mente situaciones que en ese momento le aterraban. Recordó el día que firmó por el partido, su orgullo era incalculable, pero ahora temía por su familia. Se encontraba entre sus convicciones y la integridad de su esposa y sus hijos, y además sentía que de la decisión que el tome en ese momento, dependía la integridad de a lo menos 30 familias de los compañeros que aun no habían sido identificados.
Pensó en todos ellos y volvieron las fuerzas a sus brazos para seguir paleando y horadando el suelo junto al manzano, testigo mudo y fiel de sus horas de agonía social.
La tierra parecía apretarse, sin embargo pensar en tanta gente le daba fuerzas y cerraba los ojos, paleaba, pensaba, recordaba…
Cuando dieron la noticia, todos salieron arrancando de la sede. Huyeron y no se percataron de la documentación que quedaba en la oficina…archivos, nombres…personas ubicables, sus propios datos entre tantos…su familia como tantas al alcance de las garras del dictador.
Mientras las sirenas inundaban el aire, él quedó petrificado en medio del salón de la sede…mirando a su alrededor, todos corrían, intentando llegar a sus casas para salvar a sus familias.
Apenas pasaban las primeras horas del golpe militar y ya todos estaban arrancando, pero él pensó y decidió en ese momento que arrancar así, con las manos vacías no solo seria una cobardía…también sería entregar a todo el partido en una bandeja de plata, pues, era seguro que el primer lugar en ser allanado en la ciudad seria la sede.
Tomó todos los documentos, fotos, libros, y los echó a una caja y caminó a casa así en medio del caos que existía en la ciudad en ese momento.
En su travesía vio como las mujeres lloraban. Los hombres corrían, mientras muchos niños jugaban a las bolitas como de costumbre, sin que les afecte lo sucedido. Sumidos en la inocencia, felices.
El aroma del la ciudad estaba fresco, como de costumbre, a pesar de eso le era difícil respirar con naturalidad. Siempre fue un hombre firme en sus convicciones y duro en actitud; en sus piernas sentía el miedo de encontrarse de frente con algún militar y que le registren la caja que llevaba sin disimulo alguno, como si fuera cualquier caja, tal vez del supermercado, o simplemente una caja de cachureos cualquiera.
El sabía que no era así, el sabía que en la caja llevaba toda la información que en ese momento buscaban. Sabía que en algún momento llegarían a su casa, sabia que no podía dar ningún paso en falso.
Apresurando el paso pero a la vez sin correr, fingiendo una calma inesperada, llegó a casa y depositó la caja debajo de una cama.
Sin mas explicaciones tomó a su esposa y sus hijos y los mandó a pasear.
Paso por su mente cada despedida, la mirada interrogante de su esposa, el calor del abrazo de los niños. Mientras avanzaba, palada a palada, casi en forma tortuosa, el manzano en un esfuerzo inútil intentaba acariciar a su amigo con sus verdes ramas.
El sudor ya se convertía en un rio por su espalda cuando sintió que ya era suficiente: aun era de día lo que le era favorable. Depositó en el fondo del hoyo todas las nóminas que habían en la caja, no sin antes echarle una última mirada, como queriendo fotografiar en su mente cada documento allí existente.
Hicieron falta algo más que un par de fósforos para encender el fuego, y mientras se extinguían en el fondo las llamas azuladas, sus lágrimas corrieron sintiéndose perdido en medio de la conformidad de salvar a mucha gente y el sentimiento de cobardía de aceptar que era mejor esconderse.
Vio como se fueron extinguiendo paulatinamente junto con el fuego de los documentos, sus convicciones, sus ideales… sus sueños.
Cuando las cenizas ya estaban frías, sacó del fondo de la caja la última posesión de la que debía deshacerse, una pistola, la que lo había acompañado cada vez que salió con los compañeros a la carretera a dejar alimentos a La Unión y Rio Bueno. La misma que en más de una ocasión le sirvió para abrirse camino y pasar ileso por el cruce de los tambores, donde los camioneros en huelga dejaban podrir la carne, donde botaban camiones enteros de leche en polvo, la misma que jamás llegó a los consultorios.
Un suspiro desde el alma le ayudó a tomar la decisión final de envolverla en la bandera, y la dejó caer hasta el fondo del hoyo.
Comenzó a palear con fuerza y en silencio como si estuviera enterrando su mismísimo cuerpo. Una parte de él estaba quedando debajo de ese montón de tierra… allí enterraba su dignidad.
Cuando terminó de tapar el hoyo, puso sobre él muchas piedras para que no se notara que la tierra había sido removida, y sobre las piedras muchos juguetes, los juguetes que normalmente estaban en el patio.
Luego, instaló la manguera y se dedicó a fumar un cigarrillo apoyado en el tronco de su fiel amigo, mientras regaba el patio como lo hacía cada tarde, esperando que toquen a su puerta.
hemany

miércoles, 7 de julio de 2010

TESOROS QUE ME ENVÍAN MIS AMIGOS


Este libro nació del esfuerzo de los integrantes del café literario ABRAPALABRA de Argentina, Gladis Ataide, poetisa y amiga me envió por correo postal un ejemplar de este maravilloso libro que comparto con mis amigos.


CANTO Y CRISTAL

MI POSÍA TIENE CANTO Y CRISTAL.
CANTO QUE CORRE,
CRISTAL QUE CANTA
REBOTANDO EN LOS VALLES.
A VECES, CORAZÓN DE CENIZADE HIROSHIMA,
OTRAS, JUGOSA PERA DEL SUR.
SI FUE AMASADA CON HARINAS CELESTIALES
MUESTRA MI SANGRE A TRASLUZ DE LA PIEL
Y ATRAVIESA EL CORAZÓN
CON LA INEFABLE PUNTERÍA DE UNA FLECHA.
AGRIA O DULCE
MI POESÍA HABLA POR MI.

Gladis Ataide